Los No Negociables
- Ale Garcia Olas

- 6 jul 2020
- 3 min de lectura
Actualizado: 25 sept 2023
Descubrí y acepté que yo no quería tan sólo estar bien. Yo quería vivirme a plenitud. Yo no quería sentirme a medias. Yo quería vivirme completa.

Cada vez presto más atención al nivel de conciencia desde el cual estoy operando, pues caí en cuenta que mi vida empezó a fluir mejor a partir de hacerle caso a lo que yo llamo mis No negociables.
Hace dos años decidí separarme de un hombre extraordinario con quien llevaba diez años de feliz matrimonio. Mi vida estaba bien. Él era (es) un increíble caballero. Teníamos las discusiones normales de cualquier pareja, pero no mayores problemas. Todo aparentemente estaba bien como para yo tomar la absurda decisión de separarme. Quien no estaba bien era yo. O mejor dicho, estaba bien pero no plena. Estaba bien pero me sentía apagada. Estaba bien pero estaba operando desde un nivel menor del que era yo capaz. Estaba bien pero me sentía ajena a mi misma. Fueron meses de trabajo de terapia. De hacer introspección. De sentirme confundida. De tomar cursos y talleres. De ni siquiera yo entender. Hasta que descubrí y acepté que yo no quería tan sólo estar bien. Yo quería vivirme a plenitud. Yo no quería sentirme a medias. Yo quería vivirme completa. Y esa relación no podía darme eso que yo necesitaba. Esa relación ya estaba dando lo que podía dar. Hubo juicios por aquí. Opiniones por acá. Críticas por aquí. Consejos por allá. Dudas por acá. Versiones más allá. No importaba. En ese momento había yo encontrado mis No negociables y aunque el corazón doliera como nunca, separarme significaba hacerle caso a mi alma para seguir y dejar seguir. Te pongo otro ejemplo. A inicios de este año decidí renunciar a la empresa donde llevaba una exitosa historia laboral de nueve años. Estaba en la mejor cadena hotelera. Tenía yo una gerencia de ventas y era un buen ambiente de trabajo. Todo aparentemente estaba bien como para yo tomar la absurda decisión de renunciar. La que no estaba bien era yo. O mejor dicho, estaba bien pero no plena. Necesitaba responder a mi espíritu creativo que a gritos me pedía ya no tenerlo encerrado. Necesitaba alejarme de la vida godín con la que ya no resonaba. Necesitaba salir de las cuatro paredes donde sentía que me ahogaba. Y a pesar de no haber lógica, renuncié. Estaba haciéndole caso a los No negociables que mi alma me pedía seguir. Un ejemplo más. Hace unos meses, después de renunciar, me despojé de gran parte de mis pertenencias pues había tomado también la decisión de mudarme de ciudad y mi nueva versión me pedía una vida más ligera, despojada de lo que ya no me era útil en ese momento, para empezar una vida en un lugar lleno de arte, de magia y de color. Eso fue mi No negociable que me llevó a actuar así. Hoy necesito tener libertad de tiempo y espacio, estar en contacto con la naturaleza, escribir y contemplar. Hoy esos son los No negociables que mi alma me pide no sacrificar. Es un compromiso constante conmigo misma. Una negociación conmigo misma. Es saber identificar mis No negociables que vienen directo del corazón y no del ego, y alinearme a ellos. Y es a partir de ahí que mi vida fluye mejor. Todos tenemos No negociables. Los hemos llamado hobbies, talentos, dones, intuición, gustos. Los No negociables son temas que le aportan sentido a nuestra vida. Le dan un motivo. Ojalá los incorporáramos más en nuestra vida diaria. En nuestras decisiones de carrera. En las decisiones laborales, profesionales, personales y sentimentales. Nuestra alma no puede negociar con ellos. Los negociadores somos nosotros mismos para decidir ignorarlos o integrarlos en cada aspecto de nuestra vida. El compromiso es con nosotros mismos.



Comentarios