Reflexiones de una tarde de otoño
- Ale Garcia Olas

- 5 jul 2020
- 1 min de lectura
Nuestros defectos nos aportan belleza, nuestras manchas nos hacen auténticos y nuestras diferencias nos hacen ser admirados.

Sólo se puede florecer dejando caer las hojas que ya no nos sirven, quedándonos en ramas y raíces y pasando un tiempo por el crudo invierno de nuestro lado más oscuro.
Una vez soportado y aceptado eso, llega el momento de florecer, de gozar de luz propia y de llegar a nuestro color más hermoso.
Algunos gozan de un rojo intenso.
Otros se pintan de amarillo.
Otros tardan otra temporada en cambiar de color.
Pero tarde o temprano, todos nos transformamos. Todos brillamos de rojo vivo si aceptamos que nuestros defectos nos aportan belleza, que nuestras manchas nos hacen auténticos y nuestras diferencias nos hacen ser admirados.



Comentarios