top of page

    Reflexiones de una tarde de otoño

    Nuestros defectos nos aportan belleza, nuestras manchas nos hacen auténticos y nuestras diferencias nos hacen ser admirados.


    Sólo se puede florecer dejando caer las hojas que ya no nos sirven, quedándonos en ramas y raíces y pasando un tiempo por el crudo invierno de nuestro lado más oscuro.


    Una vez soportado y aceptado eso, llega el momento de florecer, de gozar de luz propia y de llegar a nuestro color más hermoso.


    Algunos gozan de un rojo intenso.


    Otros se pintan de amarillo.


    Otros tardan otra temporada en cambiar de color.


    Pero tarde o temprano, todos nos transformamos. Todos brillamos de rojo vivo si aceptamos que nuestros defectos nos aportan belleza, que nuestras manchas nos hacen auténticos y nuestras diferencias nos hacen ser admirados.

    Comentarios


    bottom of page